A MODO DE PRESENTACION

Ya esta. El sueño se cumplió. Dejare de escribir en las paredes, ahora tengo mi pagina propia. Soy un periodista de alma, que desde hace 40 años vive y se alimenta de noticias. Tenia 18 años cuando me recibieron en El Liberal de Santiago del Estero, el doctor Julio Cesar Castiglione, aquien le debo mucho de lo que soy me mando a estudiar dactilografia. Ahí estaba yo dando mis primeros pasos en periodismo al lado de grandes maestros como Noriega, Jimenez, Sayago. Gracias a El Liberal conocí el mundo. Viaje varias veces a Europa, Estados Unidos, la lejana Sudafrica y América del Sur, cubriendo las carreras del "Lole" Reutemann en la Formula 1. Después mi derrotero continuo en Capital Federal hasta recalar para siempre en Mar del Plata, donde nacieron tres de mis cinco hijos y conocí a Liliana, el gran amor de mi vida. Aquí fui Jefe de Redacción del diario El Atlántico y tuve el honor de trabajar junto a un enorme periodista, Oscar Gastiarena. De el aprendí mucho. Coqui sacaba noticias hasta de los edictos judiciales. Bueno a grandes rasgos ese soy yo. Que es Mileniomdq, una pagina en la web en donde encontraras de todo. Recuerdos, anedoctas, comentarios. Seré voz y oídos de mis amigos. Ante un hecho de injusticia muchas veces quisistes ser presidente para ir en persona al lugar y solucionar los temas. Eso tratare de ser yo. Una especie de justiciero ante las injusticias, valga el juego de palabra. No faltaran mis vivencias sobre mi pago, Visiten el lugar, estoy seguro que les gustara. Detrás de mis comentarios idiotas se esconde un gran ingenio.

domingo, 16 de abril de 2023

MILEI, LA CASTA Y EL VACIO DE PODER


 Por Miguel Wiñazki

¿Quién gobierna?

¿Dónde está el poder real?

Habría algún nivel de paradójica acefalía presencial. Los jerarcas están en sus puestos de trabajo -en general-. ¿Pero gobiernan?

¿El presidente gobierna?

Cristina Fernández está ocupada en sí misma. Clamoreada con aparato y con cierta masividad para un retorno de un sitio del que nunca se fue y al que nadie la envió.

No hubo exilio ordenado para ella.

La prescripción que se vocifera no existe.

Después del episodio horrible de Berni golpeado y lanzado al piso literal y político de su estentórea carrera mediática, siguieron atacando a los colectiveros.

No hay poder. Ni acciones preventivas a la vista.

Quizás con tirria varios se conciben ya descendiendo de las precarias alturas de los cargos políticos. Anibal Fernández auguró regueros de sangre y de muerte ante un eventual nuevo gobierno.

¿El cajón de Herminio Iglesias modelo siglo XXI?

La agonía de un régimen político exhibe dos rasgos que se repiten en los finales anunciados: el desmembramiento de las estructuras que lo cohesionan; todo se disgrega y los ministros y todo el funcionariado se vuelve individualista bajo la antigua y para estos casos nunca olvidada consigna del sálvese quien pueda.

Y el otro elemento concomitante es precisamente la entropía del poder, que se les fuga de las manos a quienes supieron portarlo como si ahora fuera agua vertiginosa y huidiza.

¿Cómo atenuar la inflación si el poder se va disolviendo y la confianza y la credibilidad son hoy una quimera?

Entretanto, la oposición juega a un ajedrez para dummies, que a pocos les importa.

En ese panorama adviene la figura estrepitosa de este rocker punk de la economía mágica, congregador de iracundos al por mayor, y hábil utilizador de un término que -irónicamente- resucitaron hacia la luz pública los chavistas de Podemos en España: La casta.

Ellos impusieron la palabra clave que volvió a Iberoamérica encarnado hoy aquí en la eficiente campaña ultraliberal antisistema de Milei.

Esa espada lexical; la casta, captura sin embargo por izquierda o por derecha una sensación real de auto deportación por propia voluntad de la clase política a otro mundo distante de este mundo, donde ya, la sangre y los regueros de droga se diseminan sin aguardar al próximo gobierno.

Hay ya antes de las elecciones una mutación profunda del régimen sociopolítico.

Los colectiveros son víctimas reales y simbólicas de esta nueva etapa decadente.

Es curioso, y un dato adyacente, pero el padre de la vicepresidente, Eduardo Fernandez, fue colectivero. Ella conoce las durezas de esa tarea transportista.

Pero ahora son el blanco predilecto de los yonquis conurbanizados.

Los colectiveros son quienes llevan a las personas a sus trabajos y a las escuelas, a los docentes y a los estudiantes, y la asistencia y las traslación hacia lo que construye está minada. Lo que destruye y lo que mata por nada se expande. Para comprar un gramo de veneno van proliferando asesinos en ciertos territorios y eso está ocurriendo ahora.

Algo profundo ¿irremediable? se está rompiendo en el fondo del Contrato Social. Precisamente Jean-Jacques Rousseau, el autor de El Contrato Social,escribió en otro de sus hermosos textos; "Las Ensoñaciones de un Paseante Solitario”: “Han arrancado de mi corazón todas las dulzuras de la sociedad…sin embargo aún contaba con el futuro y esperaba que una generación mejor desenmarañaría las artimañas de quienes hoy dirigen…”.

Hay hoy escenas anárquicas, intentos grupales de hacer justicia por mano propia, puñetazos sobre el rostro de plástico derretido de un ministro, soldaditos de la droga que se marginan de todas educación, de todo límite, de toda socialización y de toda razón… Es un tiempo delicadísimo donde la prudencia resulta esencial.

Pero Aníbal Fernández no ha hecho de la prudencia declaracionista ningún culto.

Los cuerpos particulares mueren, pero los cuerpos colectivos institucionales no mueren si no se resquebraja ya sin remedio el Contrato Social que implica y que requieren las democracias.

Estamos atravesando esas aguas decisivas y turbulentas. ¿Cómo llegar a la orilla salvadora? En principio es imprescindible nadar a favor de los proyectos y pacíficamente en contra de las admoniciones malévolas, de las extorsiones que profetizan sangre por venir con el solo fin de eclipsar a la sangre que ya hoy se derrama desde tantas locuras intoxicadas.

La sangre no miente. Y hoy los desangrados por la violencia, no permiten desde su tragedia visible tantísima superficialidad irresponsable.

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