A MODO DE PRESENTACION

Ya esta. El sueño se cumplió. Dejare de escribir en las paredes, ahora tengo mi pagina propia. Soy un periodista de alma, que desde hace 40 años vive y se alimenta de noticias. Tenia 18 años cuando me recibieron en El Liberal de Santiago del Estero, el doctor Julio Cesar Castiglione, aquien le debo mucho de lo que soy me mando a estudiar dactilografia. Ahí estaba yo dando mis primeros pasos en periodismo al lado de grandes maestros como Noriega, Jimenez, Sayago. Gracias a El Liberal conocí el mundo. Viaje varias veces a Europa, Estados Unidos, la lejana Sudafrica y América del Sur, cubriendo las carreras del "Lole" Reutemann en la Formula 1. Después mi derrotero continuo en Capital Federal hasta recalar para siempre en Mar del Plata, donde nacieron tres de mis cinco hijos y conocí a Liliana, el gran amor de mi vida. Aquí fui Jefe de Redacción del diario El Atlántico y tuve el honor de trabajar junto a un enorme periodista, Oscar Gastiarena. De el aprendí mucho. Coqui sacaba noticias hasta de los edictos judiciales. Bueno a grandes rasgos ese soy yo. Que es Mileniomdq, una pagina en la web en donde encontraras de todo. Recuerdos, anedoctas, comentarios. Seré voz y oídos de mis amigos. Ante un hecho de injusticia muchas veces quisistes ser presidente para ir en persona al lugar y solucionar los temas. Eso tratare de ser yo. Una especie de justiciero ante las injusticias, valga el juego de palabra. No faltaran mis vivencias sobre mi pago, Visiten el lugar, estoy seguro que les gustara. Detrás de mis comentarios idiotas se esconde un gran ingenio.

domingo, 28 de mayo de 2023

DESPUES DE LA LLUVIA DE PALABRAS DE CFK TODO SIGUE IGUAL


 Por Miguel Wiñazki

La tarde oscurecida y empapada fluía en caravanas dispersas de militantes que con desteñidos estandartes de punteros y tamboriles, petardos rítmicos a manos redoblantes, ritmaba el retorno al refugio de los centenares de micros. Choferes o guías embanderados o con pecheras convocaban a cada grupo a su respectivo colectivo, naranjas casi todos. Casi todos eran color escolar. Eran filas triples por la avenida Independencia, y por la otras avenidas también. El eco de la voz de Cristina Fernández resonaba aún en radios y televisores, algunos prendidos en bares amarillentos. Parecía otro tiempo, pero es éste tiempo 20 años después de Néstor Kirchner y de su zarandeado ingreso a la Casa Rosada, con su cicatriz en la frente, marca de su baño en la marea que lo celebraba entonces, y ahora Cristina en su repetido recital de antagonismos, y retóricas amenazas entusiasmaba el pogo cuadriculado, pacífico, ordenado en rigor, de sus más fanáticos.

No.

No era un pogo rockero, sino más bien un coro de saltarines disciplinados que pedían “una más”.

Cuadriculados, verticales y verticalistas, saltaban bajo la lluvia. E insistían, “Una mas…” ¿Una más qué? se preguntaba éste cronista merodeando las tangentes de la manifestación.

Los sonidos de la lluvia, truenos, relámpagos, irradiaron sobre CFK que dialogando con los suyos fue nominalmente comprensiva -Yo acá bajo este techo, y ustedes bajo la lluvia.

Y la vitorearon aunque era difícil percibir por qué, ante esa abierta confesión de asimetría.

Este jueves, el 25 de mayo fue re bautizado como el de la fundación mítica de la patria enarbolada por Néstor, sin Alberto, con ella y sus cosanguíneos en el palco, bajo la lluvia.

¿Y después de la lluvia que?

¿Concluye la inflación? ¿La pobreza? ¿La inseguridad?

Y el acto que eclipsaba con mamparas a la Casa Rosada, y que cromatizaban la palidez que exhibía en vida Nestor ¿Quien lo pagó?

Ella, Cristina, aseguraba que la deuda -externa- la habían pagado ellos mismos ”Las Kukas” “Los perucas”.

“¿Si? ¿Pagaron o se la llevaron?”, gritaba un opositor audaz que caminaba por la calle Lima como ausente ante la posibilidad de alguna hoguera que podría encender su indignación en ese momento solitaria.

Todas los reflectores , modernos, ultramodernos y posmodernos la enfocaban y las pantallas la replicaban y aparecía en la memoria de algún amante del cine la figura de ese desquiciado en la bellísima Cinema Paradiso, que echaba a todos de la plaza, a gritos perseverantes: “¡La piazza e mía!”“¡E mía la piazza!” La Plaza es mía, parecía connotar CFK, dueña y señora de la misma junto al fantasma de Néstor aureolado en la coreografía bajo el otoño que parece llegarle al kirchnerismo, al menos a éste kirchnerismo, tal como se exhibe entre tantos mendicantes y desheredados que creyeron en Nestor y Cristina y que parecen no creerles tanto ya en términos mayoritarios, aunque habrá que ver, porque la vida te da sorpresas.

A la Corte Suprema la vicepresidente la mamarracheó ella misma, escrachándole sus trazos gruesos ante la evidencia de que hay un poder del Estado que se le escurre de las manos.

¿Y después de la lluvia del jueves qué? Después de la lluvia de palabras torrenciales como siempre, la Argentina siguió su curso y su decurso sin resoluciones inmediatas a la vista.

A las palabras tutoriales y sentenciosas, y se las llevó el viento. Si no hubiera existido el acto, todo sería igual.

Hubo acto y todo siguió igual.

Se difuminaban bajo el agua algunos vehículos, camionetas de los ‘90, algo desvencijadas que volvían cargadas de mástiles y de banderas, de bombos y de tambores, y de dibujos logrados o sin lograr de Néstor y de Cristina.

Unos pocos cantaban “Che Gorila, che gorila…y auguraban la que se iba a armar “si la tocan a Cristina”.

Pero la lluvia ahogaba los cánticos como el tiempo agazapa las soberbias antes tan erguidas.

Con acto celebratorio o sin acto celebratorio los dramas del país aparecen inmunes a las multitudes organizadas para vivar un unicato, que insiste en elogiarse y en defenestrar al resto.

De todos modos, ella volvió a demostrar su primacía inter pares al menos en términos de convocatoria, aún cuando sea producto de la momificada aparatología conocida.

De la plaza en la que la vicepresidente se alaba a sí misma, a la realidad que abruma hay un abismo.

Por los desfiladeros ante ese vacío caminamos todos, acechados por una No Idea generalizada.

No hay ideas, sino esloganes.

No hay soluciones sino propagandas.

Y ese vacío, no se llena con discursos.

Ya sabemos que así no es.

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