Por Ricardo Roa
Una inmensa bola de amateurismo político nos está cubriendo. Si se quiere, para ser menos duro, podríamos decir que tal vez ahora estemos notando más la sequía de ideas políticas sensatas, sencillas, eficaces sin ser llamativas. Empecemos por Massa a quien se le adjudican decisivos e influyentes contactos en los EE.UU. por donde pasa la gorra seguido en nombre de todos nosotros, del país. Uno es Juan González, asesor principal para América Latina y tan amigo de Massa que en cualquier momento se afilia al Frente Renovador. Massa es el comisario, diríamos, norteamericanista. Tiene un problema: casi no hay día en que desde su gobierno no amenacen a Estados Unidos con grandes negocios argentinos con China, o que no ataque al Fondo la porción mayoritaria o que se dice mayoritaria del gobierno: los K.
Viva el swap chino, que pareciera que nunca habría que pagarlo. Pero lo que necesitamos son dólares para no devaluar y seguir con la cotización oficial maquillando estadísticas que el mercado niega por otro lado. ¿Y quién puede adelantarnos esos dólares para que el gobierno venda que sigue con chances electorales? El FMI.
Con las elecciones tan cerca y el gobierno tan cerca de perderlas, el Fondo dice: ordénense ahora, devalúen lo que tengan que devaluar y les mandamos los dólares, que de otro modo seguirían volando para afuera, como está pasando.
Fondo y chinos demandan tiempo. Por eso a alguien se le ocurrió la idea de ir a pasar la gorra a Brasil, con el amigo Lula arriba, que, de pronto, se volvió pro ruso y pro chino. Tanto que Biden lo acusó de loro de la propaganda rusa contra Ucrania. Nada menos que tres-candidatos presidenciales-tres viajaron en el Tango con Fernández. Una delegación absurdamente numerosa. Los tres: Massa, Scioli, Rossi. Ninguno con cartel de ganador seguro.
Ese martes que llegaron a Brasilia, el principal noticiero de la Cadena O Globo emitió un reporte sobre “la hiperinflación en la Argentina”. Marcone Leal, jefe de la Casa de la Moneda, explicó que, buscando nuevos nichos de negocios, habían encontrando un filón en la Argentina: imprimirnos billetes. Fueron 600 millones en 2022 y serán más este año: la expectativa, dijo, es entre 19 y 20 millones por semana.
Fernández y Massa buscaban que Brasil nos financiara compras argentinas. Les dijeron que no. Y Lula lo explicó de esta manera: “Puedo decirles que Alberto Fernández es un compañero que llegó aquí muy aprensivo y creo que se va a volver más tranquilo. Es verdad, sin dinero, pero con mucha disposición política”. Vai embora.
Si se volvió sin dinero es porque pidió dinero. Pero para nuestro embajador Scioli, “el Presidente no fue a Brasil a pedir plata”. Lo desmintió a Lula, que también había marcado diferencias preguntando “quién es este Gabriel Cerutti” de la comitiva. No. Es Gabriela Cerruti. No tengo el gusto: afuera de las celebraciones de la visita. Papelón.
El amateurismo también se ve en otras maniobras. Como si nadie se acordara de la academia de dibujo en que Guillermo Moreno convirtió al Indec, su nuevo jefe, Marco Lavagna, anunció que demoraría la difusión de la molesta inflación de abril. Tal vez creyó que le daba una mano a los candidatos oficialistas en las elecciones provinciales de la semana próxima. ¿Son cosas de un profesional? Tuvo que dar marcha atrás, pero el infantilismo ya había sido cometido.
Antes de pasar a la renuncia de Vidal, que clausuró su candidatura sin haberla casi empezado, repasemos rápido los nuevos aspirantes presidenciales. Algunos deben creer que ser candidatos le corresponde por derecho. Ahí está Mariotto, que no es famoso por su producción intelectual sino por un memorable acto de obsecuencia a Cristina: armó una comisión en el Senado bonaerense para investigar a Scioli cuando era vicegobernador de Scioli. Ahora está en Soberanxs junto a la ex gremialista y embajadora Alicia Castro y Boudou y con sede en el muy paquete edificio Kavanagh. Mariotto trabaja para el gobernador astrólogo Rodríguez Saá. Sobernanxs nos enseña casi todo lo que hace falta saber sobre el cristinismo.
También se lanzó el cordobés Schiaretti, con discurso contra la grieta, faltaría más. Tiene menos conocimiento que Tapia, el hoy popular jefe de la AFA, que anda con problemas: contrató a una agencia de Miami, que nadie conoce, para organizar los partidos que la Selección disputó acá y en Santiago del Estero. La empresa se llama Prosport Live LLC. Como todos sabemos, trajo a jugar contra la Selección de Messi campeona del Mundo a dos potencias : Panamá y Curazao. Panamá ocupa el lugar 58 del ranking FIFA, y Curazao el 88. Los dos partidos produjeron una montaña de plata en entradas, publicidad y derechos de televisación. Fueron ,al fin, un desbordante abrazo de la gente al equipo, con muy poco fútbol y mucha música.
El escándalo estalló por una denuncia del organizador habitual de esos partidos, Guillermo Tofoni, relacionado con AFA desde los años de Grondona. Tofoni vinculó a Prosport con un señor Frank Agüero, que tampoco conoce nadie.
Tapia no contestó la denuncia. Sólo impugnó a Tofoni con el argumento de que no tiene ningún contrato con AFA. Desde Grondona para acá, hay contratos que nunca llegan al Comité Ejecutivo: son acuerdos fantasma. En paralelo, AFA le dio el negocio de la venta de tickets a la empresa Deportick, que trabaja con el club Tigre y preside Marcela Faraoni, una diputada bonaerense de Massa. Bingo.

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