A MODO DE PRESENTACION

Ya esta. El sueño se cumplió. Dejare de escribir en las paredes, ahora tengo mi pagina propia. Soy un periodista de alma, que desde hace 40 años vive y se alimenta de noticias. Tenia 18 años cuando me recibieron en El Liberal de Santiago del Estero, el doctor Julio Cesar Castiglione, aquien le debo mucho de lo que soy me mando a estudiar dactilografia. Ahí estaba yo dando mis primeros pasos en periodismo al lado de grandes maestros como Noriega, Jimenez, Sayago. Gracias a El Liberal conocí el mundo. Viaje varias veces a Europa, Estados Unidos, la lejana Sudafrica y América del Sur, cubriendo las carreras del "Lole" Reutemann en la Formula 1. Después mi derrotero continuo en Capital Federal hasta recalar para siempre en Mar del Plata, donde nacieron tres de mis cinco hijos y conocí a Liliana, el gran amor de mi vida. Aquí fui Jefe de Redacción del diario El Atlántico y tuve el honor de trabajar junto a un enorme periodista, Oscar Gastiarena. De el aprendí mucho. Coqui sacaba noticias hasta de los edictos judiciales. Bueno a grandes rasgos ese soy yo. Que es Mileniomdq, una pagina en la web en donde encontraras de todo. Recuerdos, anedoctas, comentarios. Seré voz y oídos de mis amigos. Ante un hecho de injusticia muchas veces quisistes ser presidente para ir en persona al lugar y solucionar los temas. Eso tratare de ser yo. Una especie de justiciero ante las injusticias, valga el juego de palabra. No faltaran mis vivencias sobre mi pago, Visiten el lugar, estoy seguro que les gustara. Detrás de mis comentarios idiotas se esconde un gran ingenio.

sábado, 20 de agosto de 2016

EL HOMBRE QUE SE METIO EN EL TANGO


Por Federico Monjeau
Horacio Salgán debe ser el único músico de su generación que publicó un tratado sobre el tango (lo que hoy empieza a ser algo más común entre los músicos). Se titula sucintamente Curso de Tango y, con esas sencillas letras blancas sobre fondo azul (casi un papel araña), su primera edición de 2001 remeda las viejas encuadernaciones escolares.
El libro de Salgán no es tanto un estudio sobre el género sino sobre un estilo, el suyo propio. Es un estudio de detalles: pianísticos, orquestales, rítmicos. El discurso esencialista sobre el “sentimiento tanguero” está del todo ausente en este sobrio estudio de transiciones, enlaces, buenas fusiones instrumentales; ni la menor huella de eso que el compositor uruguayo Ariel Martínez llamó “la metafísica de la baldosa”.
En cierta forma es sorprendente la declaración que en los años ‘60 recogerá Horacio Ferrer, de quien hoy podemos considerar -por su condición centenaria y por su arte insuperado- el gran patriarca del tango. “Mi estilo nace y cobra forma por un proceso exactamente inverso al de Piazzolla. El plasma el suyo por la necesidad de salirse del tango. Y yo el mío, por la fijación excluyente de querer meterme dentro de él”. (Salgán era un músico versado en más de un género: jazz, música brasileña [su primera grabación fue un Choro en fa sostenido], además de Chopin, Ravel y otros clásicos).
Esa idea de “meterse” en el tango lo convirtió en el supremo codificador idiomático del género. En el Curso de tango justifica la incorporación del clarón para reforzar los bajos cuando los violonchelos están dedicados a otra función, instrumento que además se funde bien con la sonoridad del bandoneón; es el discreto y precioso “exotismo” que se permitió la orquesta de Salgán. El músico no expandió la orquesta, la dividió en polifonías y capas superpuestas, siempre dentro de un conjunto muy aireado; un conjunto férreamente liderado por el vivaz ritmo de su piano, que recorre el registro como una exquisita orquesta dentro de otra y acaso deje su incomparable sello en el agudo. Fallecio ayer a los 100 años.

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