A MODO DE PRESENTACION

Ya esta. El sueño se cumplió. Dejare de escribir en las paredes, ahora tengo mi pagina propia. Soy un periodista de alma, que desde hace 40 años vive y se alimenta de noticias. Tenia 18 años cuando me recibieron en El Liberal de Santiago del Estero, el doctor Julio Cesar Castiglione, aquien le debo mucho de lo que soy me mando a estudiar dactilografia. Ahí estaba yo dando mis primeros pasos en periodismo al lado de grandes maestros como Noriega, Jimenez, Sayago. Gracias a El Liberal conocí el mundo. Viaje varias veces a Europa, Estados Unidos, la lejana Sudafrica y América del Sur, cubriendo las carreras del "Lole" Reutemann en la Formula 1. Después mi derrotero continuo en Capital Federal hasta recalar para siempre en Mar del Plata, donde nacieron tres de mis cinco hijos y conocí a Liliana, el gran amor de mi vida. Aquí fui Jefe de Redacción del diario El Atlántico y tuve el honor de trabajar junto a un enorme periodista, Oscar Gastiarena. De el aprendí mucho. Coqui sacaba noticias hasta de los edictos judiciales. Bueno a grandes rasgos ese soy yo. Que es Mileniomdq, una pagina en la web en donde encontraras de todo. Recuerdos, anedoctas, comentarios. Seré voz y oídos de mis amigos. Ante un hecho de injusticia muchas veces quisistes ser presidente para ir en persona al lugar y solucionar los temas. Eso tratare de ser yo. Una especie de justiciero ante las injusticias, valga el juego de palabra. No faltaran mis vivencias sobre mi pago, Visiten el lugar, estoy seguro que les gustara. Detrás de mis comentarios idiotas se esconde un gran ingenio.

miércoles, 1 de julio de 2020

ALBERTO FERNANDEZ NECESITA MOSTRAR UN HORIZONTE



Por Fernando Gonzalez

El martes 29, cuando la Argentina cumpla 103 días de cuarentena, Angela Merkel y Emmanuel Macron​ se reunirán en el Palacio Meseberg, en las afueras de Berlin. No será un encuentro más. Ese día, Alemania y Francia comenzarán la reconstrucción de Europa. Pondrán en marcha el plan diseñado por otra alemana, la médica Ursula Von der Leyen, quien desde la presidencia de la Comisión Europea impulsará la inversión de 750 mil millones de euros para poner de pie a un continente que subestimó la irrupción inicial del coronavirus y está cruzando la barrera de los 200 mil muertos. Como lo hizo al final de la Segunda Guerra Mundial, Europa ya tiene un objetivo. Un horizonte después de la tragedia. La Argentina tuvo la ventaja de poder observar desde el sur el espejo europeo. La improvisación, los contagios y las muertes en ese continente próspero al que el politólogo Andrés Malamud define como el parque temático del planeta. El aislamiento temprano le sirvió al país para preparar con tiempo un sistema sanitario mucho más pobre, endeble y desatendido que el de los países que inventaron el estado de bienestar. Y la coordinación inestable pero bienvenida entre Alberto Fernández, Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof​ logró que los contagios y las muertes fueran relativamente bajas en los primeros tres meses de pandemia. Fue un mérito institucional que la sociedad se apuró a reconocer en las encuestas.
Pero es ahora cuando ha llegado el momento más desafiante. Suben los contagios y la cantidad de muertes. Y se acelera la ocupación de las camas de terapia intensiva, ese tesoro de la estructura de salud que precisa de un respirador, médicos y enfermeros especializados, y que escasean en los municipios peor gestionados del conurbano bonaerense. La decisión del Presidente es retroceder en todo sentido. Cerrar el trote que alivia la psicología de los ciudadanos del AMBA y restringir miles de comercios que le estaban dando algo de oxígeno a la actividad económica. Arrinconado, básicamente, por el consejo de los infectólogos que lo asesoran y por la presión política de Kicillof en la Provincia y de Máximo Kirchner en el Congreso.
El mayor problema de la estrategia presidencial es que no alumbra un horizonte de salida. No hay una fecha tentativa; no hay actividades pensadas para transitar el encierro ni alternativas comerciales para combatir la recesión galopante. No hay remedio que pueda evitar el cierre traumático de quioscos, librerías o tiendas de ropa. Como lo dijo esta semana el sindicalista gastronómico, Luis Barrionuevo, viejo y polémico lobo del peronismo. “El problema es que no se ve una luz al final del túnel”. Compasivo, eligió pegarle al gabinete y no a Fernández por el 60% de restoranes argentinos que van camino al cierre inexorable.
El informe del Fondo Monetario no sólo señaló esta semana que la economía caerá cerca de un 10% este año. También ubicó a la Argentina entre los seis países que menos crecerá en 2021, cuando los efectos de la pandemia empiecen a ser un horrible recuerdo. Por eso es imprescindible que Alberto, y la misma consideración vale para Kicillof y para Rodríguez Larreta, incluyan en el único menú de la cuarentena estricta algunas soluciones que les permitan a los argentinos el respiro vital de pensar a futuro.
Son tiempos de mecha corta, como ha dicho algún pensador contemporáneo. El reclamo está a flor de piel y los gobernantes deben tener el olfato alerta ahora que han decidido prohibir por un tiempo el ejercicio insolente de correr en las calles o de salvar el comercio con el que muchos soñaron ganarse la vida.

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