A MODO DE PRESENTACION

Ya esta. El sueño se cumplió. Dejare de escribir en las paredes, ahora tengo mi pagina propia. Soy un periodista de alma, que desde hace 40 años vive y se alimenta de noticias. Tenia 18 años cuando me recibieron en El Liberal de Santiago del Estero, el doctor Julio Cesar Castiglione, aquien le debo mucho de lo que soy me mando a estudiar dactilografia. Ahí estaba yo dando mis primeros pasos en periodismo al lado de grandes maestros como Noriega, Jimenez, Sayago. Gracias a El Liberal conocí el mundo. Viaje varias veces a Europa, Estados Unidos, la lejana Sudafrica y América del Sur, cubriendo las carreras del "Lole" Reutemann en la Formula 1. Después mi derrotero continuo en Capital Federal hasta recalar para siempre en Mar del Plata, donde nacieron tres de mis cinco hijos y conocí a Liliana, el gran amor de mi vida. Aquí fui Jefe de Redacción del diario El Atlántico y tuve el honor de trabajar junto a un enorme periodista, Oscar Gastiarena. De el aprendí mucho. Coqui sacaba noticias hasta de los edictos judiciales. Bueno a grandes rasgos ese soy yo. Que es Mileniomdq, una pagina en la web en donde encontraras de todo. Recuerdos, anedoctas, comentarios. Seré voz y oídos de mis amigos. Ante un hecho de injusticia muchas veces quisistes ser presidente para ir en persona al lugar y solucionar los temas. Eso tratare de ser yo. Una especie de justiciero ante las injusticias, valga el juego de palabra. No faltaran mis vivencias sobre mi pago, Visiten el lugar, estoy seguro que les gustara. Detrás de mis comentarios idiotas se esconde un gran ingenio.

sábado, 6 de mayo de 2023

BAJO LA CRISIS, EL PODER DE LAS VIDAS SILENCIOSAS

Matías Bagnato y Juanse Stegmann.

 Por Hector Gombini

Esta semana, un par de vidas transformadas volvieron a asomarse desde historias imprevistas. Fue con la muerte de un preso en Ezeiza y con una fila de 60 metros para recibir un plato de ñoquis gratis en Recoleta. El preso que murió era Fructuoso Álvarez González, un hombre que, enfurecido con un ex socio, lo amenazó: “Te voy a quemar la casa con toda la familia adentro”. Lo hizo.

Aquel infierno que devoró a una familia de clase media conmocionó al país y pasó a la historia como La masacre de Flores.

Murieron el padre, la madre, dos hermanos y un amigo del hermano menor de Matías Bagnato, un adolescente de 16 años que era el hijo mayor y fue el único sobreviviente, porque su cuarto daba a una ventana por la que escapó de las llamas y la asfixia hacia una azotea vecina.

La abuela Norma sobrevivió por azar. Debió haber estado allí, pero se había ido a Mar del Plata.

Nieto y abuela siguieron adelante durante casi 30 años, luchando para que el asesino de la familia -luego detenido y condenado a prisión perpetua- no quedara libre.

Perpetua es perpetua, decía la abuela, como aquel personaje de Pablo Rago en El secreto de sus ojos.

Como era español, Álvarez González fue extraditado a España y liberado allí.

Volvió a la Argentina haciéndoles saber a Matías y a la abuela Norma que iría por ellos, porque su crimen múltiple estaba inconcluso.

Lo detuvieron de nuevo y entonces empezó a pedir su libertad condicional año tras año.

Matías transformó su vida en una militancia por el derecho de las víctimas y consiguió, también año tras año, presentarse al juzgado a pedir que no liberaran al asesino.

La abuela Norma murió antes de sentirse libre del terror.

Matías se libera recién ahora, con la muerte del asesino que ya no saldrá a perseguirlos ni a amenazarlos por whatsapp.

Su vida transformada en lucha asoma de nuevo.

Matías construye su propia familia y sigue peleando por los derechos de otras víctimas.

El mismo domingo y casi a la misma hora en que se conoce que el asesino de los Bagnato ha muerto en Ezeiza, una fila de gente se amontona sobre la vereda de la avenida Las Heras que recorre uno de los laterales del Hospital Rivadavia.

La mayoría son hombres solos, mayores de 50. Pero se mezclan entre ellos algunas mujeres y gente más joven.

“Esta cola es para la comida, señor. Hoy hay ñoquis gratis”, explica uno de ellos.

Al principio de la cola hay dos personas que hacen pasar de a uno las rejas hacia el jardín interno del hospital, donde hay una carpa blanca.

Al lado de la carpa, un tablón sobre caballetes y dos ollas humeantes.

Tres monjas y un hombre de delantal sirven cada plato con minuciosidad y delicadeza.

“Ojo que quema”, dice el hombre del delantal, que aún conserva la sonrisa que hacía estragos en la tele.

Es Juan Segundo Stegmann, modelo y periodista en los 90, revelación de Telenoche y de 360 Todo Para Ver, donde compartía estrellato y futuro con jóvenes promesas como Marley, Julián Weich y María Belén Aramburu, que después sería su mujer.

Juanse dejó todo hace 19 años, tras hacer una nota en Salta y visitar a la Virgen de los Cerros, ante la que estuvo llorando dos horas por haber sentido algo “inexplicable”.

Se fue de la TV y convirtió su vida a la ayuda solidaria. Fundó La Casa Azul de María, desde donde alimentan a 200 personas.

“Y cada vez vienen más”, dicen allí, en pleno Recoleta.

Bajo el dólar a 500, la inflación desbocada y el año que explota en especulaciones electorales, esas vidas transformadas -un anónimo que se hizo conocido; un famoso que se volvió anónimo- siguen sus rumbos silenciosos.

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