A MODO DE PRESENTACION

Ya esta. El sueño se cumplió. Dejare de escribir en las paredes, ahora tengo mi pagina propia. Soy un periodista de alma, que desde hace 40 años vive y se alimenta de noticias. Tenia 18 años cuando me recibieron en El Liberal de Santiago del Estero, el doctor Julio Cesar Castiglione, aquien le debo mucho de lo que soy me mando a estudiar dactilografia. Ahí estaba yo dando mis primeros pasos en periodismo al lado de grandes maestros como Noriega, Jimenez, Sayago. Gracias a El Liberal conocí el mundo. Viaje varias veces a Europa, Estados Unidos, la lejana Sudafrica y América del Sur, cubriendo las carreras del "Lole" Reutemann en la Formula 1. Después mi derrotero continuo en Capital Federal hasta recalar para siempre en Mar del Plata, donde nacieron tres de mis cinco hijos y conocí a Liliana, el gran amor de mi vida. Aquí fui Jefe de Redacción del diario El Atlántico y tuve el honor de trabajar junto a un enorme periodista, Oscar Gastiarena. De el aprendí mucho. Coqui sacaba noticias hasta de los edictos judiciales. Bueno a grandes rasgos ese soy yo. Que es Mileniomdq, una pagina en la web en donde encontraras de todo. Recuerdos, anedoctas, comentarios. Seré voz y oídos de mis amigos. Ante un hecho de injusticia muchas veces quisistes ser presidente para ir en persona al lugar y solucionar los temas. Eso tratare de ser yo. Una especie de justiciero ante las injusticias, valga el juego de palabra. No faltaran mis vivencias sobre mi pago, Visiten el lugar, estoy seguro que les gustara. Detrás de mis comentarios idiotas se esconde un gran ingenio.

miércoles, 22 de mayo de 2024

LA LARGA MARCHA DE LOS ESCLAVOS ARGENTINOS

LA JUEZ RIOJANA COIMERA

 Por Miguel Wiñazki

El inclemente desfile de los necesitados no distraía a los apretados pasajeros del subte en esta semana, el D, rumbo a Catedral.

Todos inmersos en sus respectivos celulares . Pasan los que reparten vírgenes, los que ofrecen medias, los que emprenden recitales y acercan la gorra…Todos los perciben tangencialmente, casi sin quitar los ojos de las pantallas.

Como autómatas a veces les destinan algún peso.

De pronto, un señor muy esmirriado, barba crecida, un relicario cuarteado en el pecho, él; claramente castigado por la vida, marcas ahondadas del tiempo feroz en el rostro, pantalón que en otro momento pudo ser azul; enunciaba y rogaba.

-Señores pasajeros, me faltan 725 pesos para bañarme, me ayudan, por favor, me ayudan.

Algunos casi sin levantar la vista le daban.

-Ahora me faltan 625, bendiciones…

De pronto, el hombre se desmoronó, cayó, livianamente, como si ascendiera de tan etéreo que era su cuerpo, y comenzó a llorar en el piso del subte.

Como si lo hubiera pintado Chagall, desde el piso se elevaba.

Y entonces aconteció un momento No digital.

El vagón entero se distancia de sus teléfonos.

La masa digital y digitalizada se desbarrancó en el agujero negro de la realidad.

El hombre en el piso, las miradas sobre él.

Dos muchachos lo ayudaron a levantarse.

Sus lágrimas surcaban las mejillas de barbas blancas asomando.

Se desmoronó en su dignidad. Clamaba por bañarse. Pero no se desmoronó, quería volver a lo humano: bañarse.

Aparentemente cobran por bañarse.

Y todo giró, giramos en medio de la circunstancia demencial que vivimos.

En simultáneo, diversos guardias penitenciarios y torturadores disfrazados de bienhechores, castigan con ayunos obligatorios a quienes no obedecen sus imperativos marciales: asistir a las marchas, la marcha de los esclavos argentinos.

Vigilar y castigar: los sometidos por los punteros recaudadores figuraban en columnas de anotaciones, según detectó la justicia, bajo la leyenda “Castigados”. La inasistencia a las marchas le quitaba la comida de la boca.

Vigilados y castigados.

El suplicio de los desamparados, esa herida multiplicada por millones, se viene ahondado por un procedimiento inquisitorial y desconsolador.

Los explotadores vociferaban compromisos con la caridad y con la revolución.

Una “santidad” endemoniada.

Los “santos” que repartían la comida, martirizaban a los hambreados, y los hambreaban más, y más, jugando con la desesperación y con la muerte de los otros.

Era reclusión y trabajos forzados.

Reclusión marcial en un sistema de jerarquías forjado por la lealtad y la obediencia a los capitanes de la infamia que los obligaban a estar en las calles más allá del infortunio de marchar ante la amenaza cierta de no comer.

Es un sistema, una matriz de sufrimiento, de dolor, de abuso, que se volvía espectáculo para las cámaras, en los peregrinajes ordenados, para pasar horas y horas en la intemperie de la pobreza y de ese destino a merced de los nuevos clérigos con los látigos del hambre entre sus manos.

El castigo cae sobre el cuerpo pero también sobre el alma sojuzgada de los supliciados.

¿Los máximos jerarcas de los movimientos sociales implicados y muy complicados en esas maniobras ignoraban esas prácticas aberrantes?

¿O las consentían?

¿O las propiciaban?

¿O recibían regalías a partir de esas estafas violentas?

Se ejercía una masiva privación de la libertad.

Todo está conectado: la inexistencia de más de la mitad de los comedores populares, declarados, pero falsos, y las extorsiones denunciadas por gente que trabaja por parte de “delegados” de burócratas sindicales para parar el día del paro, o sufrir las consecuencias.

La conversión del sindicalismo en mafia es uno de los más graves dramas argentinos, y está asociado a la ominosa conversión de los movimientos sociales en mafias esclavizantes.

No todos los sindicatos ni todos los movimientos sociales están corrompidos por supuesto.

Pero la mafia se extendió notablemente, se “popularizó”, y brotó bajo formas diversas como una hidra de mil cabezas.

Esa jueza de La Rioja, Norma Abatte de Mazzuchelli que con un gran crucifijo a sus espaldas pedía sin que se le moviera un músculo de la cara, muchos millones para acelerar un trámite sucesorio, es un ejemplo ¿entre cuantos? de la inmensa extensión de la extorsión como método.

La mafia encarna en personas, criminales amparados por la impunidad, por la complicidad de muchos, por el aparato diseminado de la justicia injusta.

También por supuesto, hay justicia justa y de ella dependemos para salvarnos.

Mientras tanto, la larga marcha de los esclavos argentinos continúa su travesía por entre ciénagas y serpientes.

La flagelación perversa de los indigentes instituyó un modelo anclado en la mortificación tan rentable para los castigadores, tan desesperante para los castigados.

Es terrorismo.

El terror se reinventa.

Se aplican metódicamente ataques de pánico punitivos.

Es el sadismo con carnet.

Es la crueldad enmascarada como justiciera.

Es la abyección como proyecto político.

El hombre del subte se levantó con la colaboración de otros.

Son dos Argentinas. Están los que ayudan concretamente y están los que fingen ayudar para castigar y atormentar y para ganar dinero con tracción a sangre.

Lo relevante es el espacio No digital, cuando se caen todas las máscaras, cuando las redes se desarman aplastadas por los cuerpos que se desmoronan, clamando por bañarse en la dignidad perdida.

Es la vida la que importa.

Y la muerte.

Lo demás es artificio

No hay comentarios:

Publicar un comentario