Por Miguel Wiñazki
Guillermo Moreno es un militante de la mentira. Su gestión fue una farsa. Destruyó el INDEC para falsear las cifras de la inflación. Nos mintió a todos.
¿Por qué invitan a un desvergonzado semejante a diversos programas que consagran con su presencia el culto a la camorra y al barrabravismo ante cámaras? Su patoterismo cerril genera algún rating y por eso lo llaman y él va, como un payaso de titanes en el ring. El periodista Martín Tetaz lo sacó de lugar con un planteo impecable: ¿Por qué tu sueldo o el de la presidenta se incrementaban a un 30% anual cuando ( según Moreno) durante su gestión la inflación no superaba el 9% anual
Con aspavientos de guapito de cafetín trasnochado, tribunero y pendenciero, Moreno empezó a gritar ante la parálisis de Silvia Fernández Barrio y Mercedes Mendoza, las conductoras del programa Zona de Investigación, emitido por Canal 9, donde estalló el bochorno.
Moreno uso su dedito admonitorio, calificó de “idiota” al periodista y tomó el control de la situación en el aire.
Finalmente decretó “democráticamente”: “Con éste idiota no hablo más”.
Al día siguiente, ayer, Silvia Fernández Barrio pareció cobrar conciencia de su rol equívoco: “Me dio mucha vergüenza. Le debería haber dicho a Moreno que se fuera. Nosotros no podemos aceptar que alguien destrate así. Repasé las imágenes y es horrible” El asunto va mas allá del episodio puntual de Zona de Investigación. Algo sucede en la lógica de cierta TV que invoca y convoca a los debates gritoneados, y la discusión entre bravucones.
La serenidad parece devaluada.
Hay maestros de la inducción a la contoversia alterada en vivo, como Mauro Viale.
Tal vez el fenómeno trascienda a los conductores. En Intratables también se suele observar y con alto rating el espectáculo prediseñado de la trifulca.
Se configuran personajes que representan el rol de los provocadores, hay malos y buenos, oposición y estados televisamente alterados.
¿La televisión es un espejo de la sociedad o a la inversa, la sociedad un espejo de la televisión?
O ambas cosas. Nos espejamos en la TV y la TV nos refleja. En su “Historia del Espejo”, Sabine Melchior-Bonnet escribe una sentencia clave: “Siempre hay que seducir al espejo”.
La TV alterada seduce a la sociedad reflejando y actuando esa pasión tan generalizada por la gresca, por esa marcha de la bronca reducida a show y a rating.
Si hay bronca, adviene su conversión a formato frívolo de cotienda catódica entre panelistas.
Como sea, el protagonismo de Guillermo Moreno es patético, pero en un sentido profundo.
Es todo una paradoja. Moreno es superficial y por eso mismo es artificial. Es decir, se convierte en un actor de sí mismo, en una sátira representada por él mismo de su cuadriculada obsesión por mentir, por negar lo innegable y por agredir.
Guillermo Moreno sin poder parece inofensivo, pero seguir observando su estrellato en TV es sin dudas ofensivo y grave.

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