Por Adrián Freijo
– El periodista de América comenzó su programa con una mentira descomunal que afecta a todos los marplatenses. El peligro de consumir un periodismo falaz y embrutecido.
Alejandro Fantino resolvió un día que era un periodista capacitado para el análisis político. Y munido de tal convicción salió a manotear en la realidad para tratar de acertar algún dato, alguna primicia o alguna cuestión que por profundidad escapaba a su formación de relator futbolero.
Y no le fue mal; el hombre ha ido demostrando capacidad de entretener, visión para esta nueva moda de convertir cualquier noticia en parte del show y comodidad a la hora de desenvolverse en la liviandad que parece ser hoy el vector principal del arte de informar. La economía, el espectáculo, la salud, el fútbol, la moda, el chisme y las versiones ocupan ahora un plano de igualdad en el que todo lo que se informa y todo lo que se recibe no pasa del nivel de epitelial. Mientras el periodismo, como no podía ser de otra manera, marcha en inevitable y ruinosa retirada…
Pero la mentira es otra cosa. Si viene de la desinformación es una descalificación ilevantable de quien la emite; si nace de la incultura, descalifica ante la sociedad a quien la repite y se deviene de la mala fe requiere de quien le salga al paso y ponga las cosas en su lugar.
Alejandro Fantino aseveró, en un canal de trascendencia nacional, que los gastronómicos marplatenses habían montado un restaurante en la Rambla local y habían servido a la gente comidas y bebidas, como forma de reclamar la reapertura de la actividad.
Se refería a la decena de mesas que se ubicaron, en forma simbólica y sin consumo alguno, a la puerta de la municipalidad en la mañana de ayer. Le erró por treinta cuadras, cincuenta mesas y varios kilos de comida y litros de bebida.
Pero lo hizo partiendo de la afirmación de que en Mar del Plata se violaba el aislamiento y que eso «daba miedo» (sic). Lo que lo ponía en el doble rol de informador -que emitía algo supuestamente chequeado- y ciudadano, recibiendo las pruebas de que la integiradad sanitaria estaba en riesgo.
Una diferencia semejante a la que existe entre un farabute y un periodista…
Pero que deja mal parada a una ciudad, a sus trabajadores y a sus ciudadanos. Y que genera una falsa impresión que es recibida, y seguramente incorporada, por miles de argentinos a lo largo y ancho del país. Aquellos que como nosotros quedan como rehenes de los «medios nacionales» que no son otra cosa que capitalinos.
Y que imponen tendencias, lavan cerebros y desinforman a la ciudadanía. Mientras nosotros aceptamos que en la ciudad proliferen las patéticas repetidoras de sus contenidos y vaciamos esta profesión de pensamiento crítico y cultura de la información.
Unos pocos sabemos que fue lo que ocurrió…miles están creyendo ahora que en Mar del Plata somos unos bestias que violamos las leyes y nos burlamos del drama que vive el país.
Fantino lo hizo…pero nosotros se lo permitimos.

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